PARAFRASEANDO A SAVATER SOBRE LA EDUCACIÓN CIVICA

Es propicio combatir lo que no nos gusta o detestamos sin destruir lo que con gran esfuerzo y dedicación hemos construido. Aunque no compartamos el simplismo brutal de eliminar a los fanáticos y radicales como a quienes conscientemente les rodean alimentándose parasitariamente de ellos, debemos buscar, conseguir y aplicar un mecanismo que nos permita avanzar hacia lo posible. Para acabar con los terrores que nos amenazan actualmente, es evidente hacer algo radical y profundo para que los logros civilizados no se queden en concepciones o tintas de leyes, tratados y opiniones.

Partiendo de esta premisa la Educación seria el punto de partida para transformar aquello que dentro de la sociedad requiere ser cambiado. Entendiendo la educación como la preparación para vivir políticamente con los demás en la ciudad democrática, participando en la gestión paritaria de los asuntos públicos y con capacidad de distinguir lo justo de lo injusto. Por lo que se propone la educación cívica.

Aristóteles recuerda que nadie puede llegar a gobernar sino ha sido gobernado. Es decir, haber sido propedéuticamente gobernado, es decir, aprender a obedecer las leyes y las autoridades legitimas, asumir los valores compartidos, recibir lecciones prácticas de equidad, escuchar al que piensa diferente, contrastar y evaluar las decisiones tomadas, entre otros aspectos necesarios para llegar a gobernar con responsabilidad.

La democracia tiene entre sus cualidades la de no formar especialistas en gobernar ni especialistas en obedecer. En el mundo actual existe una tendencia exagerada hacia la especialización. Hay especialistas en ramas técnicas y tecnológicas tan singulares que trabajan aislados de los contextos donde se desempeñan. Cayendo en la tendencia en que fuera de lo que sabemos no hay nada posible. Pues resulta que en los regímenes totalitarios, autocráticos y oligárquicos se presume de esta tendencia para crear modelos de gobierno con el sobrenombre de democracia participativa y protagónica.

La educación cívica es la educación que prepara a gobernantes desde el ciudadano. Esto supone que no es una educación de élites culturales, minorías o cuarteles sino que incluye a todos las personas cuya preparación sea la de convertirse en ciudadano. Según Paul Barry Clarke: “Ser ciudadano pleno significa participar tanto en la dirección de la propia vida como en la definición de algunos parámetros generales; significa tener conciencia de que se actúa en y para un mundo compartido con otros y de que nuestras respectivas identidades individuales se relacionan y se crean mutuamente”. Es decir, gestión de lo propio en interacción con lo que tenemos en común con nuestros iguales.

De modo que en la educación cívica tiene que proponerse formar gobernantes y legisladores, para evitar en nuestras sociedades la influencia letal de esos ignorantes cuyo predominio alarma en todas partes. Aunque habría que señalar que alarma sólo a quienes pretenden utilizar las instituciones democráticas para radicalizar la libertad y la igualdad efectivas, pues no faltan manipuladores y demagogos que confían en él para perpetuar su hegemonía. Las asignaturas a cursar en la educación cívica pueden ser. Discernimiento, Pertenencia, Participación, tolerancia y Elección. Todo ello en medio de la diversidad de puntos de vista y formas de pensar donde las capacidades se desarrollan en beneficio propio y común cuyo trípode constituyen elegir, preferir y desechar, es lo que precisamente debería intentar conseguir en los futuros ciudadanos la educación cívica.22343_s9_0

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